A 9 años del retiro del mejor 9 en la historia de Boca Juniors

  • 12/06/2020

Tuve la buena suerte de ver en cancha a Martín Palermo algo que no podrán hacer todas aquellas personas que nacieron después del 2011 o unos años antes ya que no está desarrollada la capacidad para recordar las situaciones que viven. Desde que comencé a cubrir Boca Juniors admiré a Martín Palermo por su fuerza de voluntad y porque su perseverancia lo llevó a ser lo que es para el fútbol argentino como para Boca Juniors en particular. Desde sus comienzos en Estudiantes siempre le costó mucho y cuando llegó a la primera división no todo lo que experimentó tuvo que ver con las “mieles del éxito” porque tuvo que masticar mucho el polvo de la derrota.

Cuando llegó Carlos Bianchi al Xeneize, llamó a Palermo y a Guillermo Barros Schelotto para decirles que era su dupla ofensiva. Con esa confianza Martín y el Mellizo forjaron un ataque que le dio al club muchas alegrías. Casi como si en La Plata hubiesen jugado juntos y no para los eternos rivales de la ciudad. Comenzó con sequía en el arco rival hasta que se le abrió y no paró de festejar conquistas. Un goleador único e irrepetible.

Recuerdo aquel 12 de junio haber estado en la Bombonera viviendo el momento en el que el titán, el loco, el optimista del gol, el eterno goleador o como quieran apodarlo recibía todo el cariño de la gente, de los hinchas que cantaban “muchas gracias Palermo; Muchas Gracias Palermo…” hasta le regalaron un arco para que se lleve a su casa. Las chicas y chicos de la fundación SOS le obsequiaron una capa con los colores de Boca, es el Súper Palermo también en cuanto a lo solidario.

Martín hizo 236 goles en 404 partidos oficiales disputados. Ganó 13 títulos en el club Xeneize (como olvidar los dos goles al Real Madrid con asistencia del Chelo Delgado de Román respectivamente para obtener la Intercontinental en Japón). Batió récords no sólo por sus tantos en Boca si no también en la recuperación de una ruptura de los ligamentos cruzados -en cinco meses volvía de la lesión y le hacía el gol en “muletas” a River en aquel cruce copero del 2000-. Hizo de todas formas, le dio vida a la selección nacional con su pierna izquierda ante Perú en el 2009, minuto 47 del segundo tiempo bajo una lluvia torrencial. Hizo el 100 con la Azul y Oro con la rodilla rota en el 99; Le convirtió a Vélez uno, de cabeza, a 40 metros del arco que da al Riachuelo en el 2009; Uno a Independiente desde la mitad de la cancha en el 2006 en la cancha de Racing. En fin, su vida deportiva, fue como escribir un guión de una película porque siempre se reinventó, hasta de los momentos más dolorosos supo sobreponerse. Los hinchas de Boca siempre le agradecerán y lo recordarán con la 9 en su espalda como también tendrán presentes todo su carisma.

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